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interesante, sentimental, bizarro todo en sus multiples formas de expreción... El blog de Gict

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YA NO HAY MARCHA ATRAS.


Bueno pss aqui estamos colocando otra colaboracion de una escritora que llamaremos xaura, esperemos y les guste su cuento...cìao


Ya no hay marcha atrás


El silencio que envuelve la desierta estancia pesa, como una piedra oprimiéndome el pecho, dejándome casi sin respiración. La oscuridad llena hasta el último hueco de la habitación; sólo un fino haz de luz consigue colarse a través de la vieja cortina morada que cubre el cristal de la ventana. Puedo oir las incansables gotas de lluvia golpeándolo con fuerza. El débil sonido de la lluvia suena de una manera extrañamente amplificada en el vacío de mi cuarto. Y resuena también en el vacío de mi alma. Hoy es el día. Ahogo todos mis pensamientos en una respiración profunda, llenando hasta el último rincón de mis pulmones. Acabo de aspirar toda esa oscuridad y ese pesado silencio, y ahora se expanden por todo mi cuerpo, hasta tomar forma en mi estómago, para subir luego, lentamente, y condensarse en los lagrimales de mis ojos.

Son las dos y treinta y cuatro. Da la impresión de que los sueños de la gente flotan por el aire, mezclándose con el silencio. Puedo sentir esa soporífera sensación de traquilidad, quietud y descanso que emana de cada persona de la ciudad. Puedo oir también algún grito lejano, alguna exclamación demasiado alta, o alguna palabra desprendida de amargas discusiones nocturnas, que atraviesan el silencio de la noche para entrar en mis oídos. No quiero oir nada, y cuanto más me empeño en ello, menos lo consigo. Ahora el cansino tictac del despertador toma presencia en el cuarto con su rítmico y monótono sonido. Aunque trate de ignorarlo resuena en mi cabeza, con ese sonido invisible de día que sólo aparece en el silencio. No tiene sentido. Sólo sigue sonando, recordándome que aún sigo vivo, dentro de las líneas del tiempo. Pero dentro de poco escaparé de esas líneas.

Cae una gota sobre el papel en el que estoy escribiendo esto. Y ahora otra. No sé si son de miedo o de pena. Mis sentimientos se agolpan contra mi cuerpo, como tratando de escapar de él. Casi puedo sentirlos por dentro de mi piel empujando para agrietarla y salir a través de ella al exterior. Dentro no son nada.

Tengo en la mano izquierda las pastillas, y en la derecha el boli con el que estoy escribiendo esta nota. Mis manos recorren el papel bajo la tenue luz del flexo. Papá, mamá y Samu están durmiendo, seguramente. Dicen que somos egoístas porque no pensamos en nuestra familia y en las personas que nos quieren, pero yo creo que es la familia y las personas que nos quieren las que no piensan en nosotros. De todas formas, ellos no tienen la culpa. No sé si les aliviará algo si les digo que ellos son la razón de que no hubiera hecho esto antes. Pero ya no aguanto, y ya está decidido.

He pensado muchas formas de matarme. Pensé tirarme por la ventana, pero tengo demasiado vértigo y no sería capaz. También se me ocurrió cortarme las venas, pero no quiero ensuciar mi cuarto; mis padres tendrían que limpiar la sangre. Después de pensarlo mucho esto es lo mejor: somníferos. Son muy fuertes, me dijeron. No voy a decir como los conseguí, pero aquí los tengo, en una cajita cuadrada con una advertencia bastante visible que previene del peligro de tomarlos en exceso. Pero eso es lo que quiero. Tomo la primera pastilla. Noto cómo baja por mi esófago. Me estoy tragando la muerte, la libertad. Tomo la segunda. Acaba de dejar de llover. Tercera... En menos de un minuto me terminé las dos cajas que había conseguido. Todavía no siento nada.

Miro por la ventana; ya no llueve. La Luna hoy es una gran esfera luminosa, y las nubes oscuras trantan de taparla, pero sólo consiguen formar un marco gris azulado a su alrededor. Empiezo a notar algo; sueño. Son las tres y veintidós.


La bombilla del flexo está parpadeando, pronto se apagará. Voy a cambiarla, todavía tengo que terminar esto. Saqué la bombilla de debajo del cajón y la enrosqué, papá la puso ahí para cuando me pasara, y así no tendría que salir de mi cuarto a coger otra. La nueva bombilla parece brillar tres veces más que la otra, haciendo así que las cosas que tengo en la mesa a las que no había prestado atención aparezcan derrepente. Mamá siempre me dice que recoja todo lo que tengo encima de la mesa, pero nunca le hago caso. En la esquina izquierda están las hojas de matemáticas del último examen, en la derecha apuntes de física, y, entre ellos, un dibujo que hice el jueves pasado, mientras corregíamos ejercicios. Me quedó bastante bien; es un águila. Un águila con las alas enormes, el pico mirando hacia arriba, la cola abierta y las patas plegadas. Detrás de él dibujé unas nubes en forma de estrellas atadas a largas cadenas que tiran de ellas, impidiéndoles subir más. Pero el águila sí conseguía volar por encima de las nubes. Lo dibujé a primera hora, recordando un sueño que había tenido esa noche. Me quedé mirándolo un rato. En este momento me estoy sintiendo la persona más rara del mundo; puede que sea la única capaz de tener envidia de un dibujo. Aunque tampoco es tan raro. En este momento puedo llegar a tener envidia de cualquier cosa, menos de un ser humano. Ojalá depués de morir mi alma resucite en el cuerpo de un águila, o de cualquier ave. Quizá dentro de unas horas, con suerte, ya esté volando. Aunque lo más seguro es que si resucito lo haga en un lobo. En un lobo estepario.

Detrás del flexo está el collar que me regaló Javi. El único amigo que he tenido. Lo cojo; es un círculo plateado con el centro hueco en forma de media luna. La plata se humedece sobre mis dedos. No es la primera vez que lloro sobre él. Recuerdo aquella vez que me mintió, y casi no consigo perdonarlo. Pero eso ya lo olvidé. El sábado tenía pensado ir con él al cine, pero ya no creo que podamos ir.
Al lado de los apuntes de física está el rosario que me regaló mi abuela. Cada vez que voy a visitarla me hace rezar con ella. No soy capaz de decirle que ya no creo en Dios, que no puedo, aunque quiera. No lo entendería. Ojalá pudiera creer en algo, pero no puedo; no le encuentro sentido a pensar que pueda existir algo perfecto en un mundo tan imperfecto.
No tiene sentido vivir en un mundo que no me comprende. Y tiene mucho menos sentido vivir en un mundo en el que nadie comprende a nadie.

Al borde de la mesa y apunto de caerse de ella está el mando del apartato de música. Lo cojo. No recuerdo qué disco tenía puesto. Le doy al play y escucho durante unos segundos el CD girando en el aparato de la estantería antes de que comiencen las primeras notas de una canción; la banda sonora de réquiem por un sueño. Ésta es la canción que me acompaña cada vez que lloro. Las primeras notas son profundas, graves y tranquilas, pero a medida que avanza aumenta la velocidad, volumen y la melodía adquiere un tono acelerado y fuerte. Cierro los ojos. No hay nada más que ver en el mundo.




Me suena el móvil.
Es un mensaje de Javi. Dice que encienda el ordenador. Lo hago, y lo primero que aparece al conectarme es un mensaje suyo. Lo abro:

Oye Guille, tengo algo que decirte. Pensaba contártelo mañana pero es que no aguanto más. Me largo. Y tú te largas conmigo. He conseguido dinero, ya está todo planeado. Nos iremos el sábado a Madrid, a la capital. Olvídate del cine. Estoy forrado tío. No te lo quise decir antes porque era una sorpresa, pero mi viejo se murió la semana pasada. ¿Te acuerdas que siempre estamos vacilando con que cuando se muera el cabrón ese nos largaríamos de aquí con todo su dinero? Que suerte no tener hermanos ni madre. ¿Qué te parece? Eres tú el que siempre está diciendo eso de largarnos, y ahora podemos. El sábado tío. Va a cambiar todo. Y pensar que hasta hace poco pensábamos que no conseguiría su dinero hasta los cuarenta...
Fue un accidente. Un accidente de coche. Pero eso ya da igual. Yo nunca le he importado y él nunca me ha importado a mí. Esta semana va a cambiar todo.

No me falles tío.
Bueno, yo sé que nunca lo harías.

Mañana hablamos.




No puedo escribir más. Me tiembla la mano. Noto mis pulsaciones en las venas de las muñecas, del brazo, del cuello. El corazón parece querer salírseme del pecho. Noto un sudor frío bajándome por las sienes. Me está empezando a doler la cabeza, cada vez más fuerte. Estoy empapando todo el papel. La música sigue sonando. El silencio sigue pesándome. Era lo que siempre había soñado; lo que podría cambiar mi vida. Siento un fuerte mareo. No puedo escribir más. Sólo hace dos minutos que tomé las pastillas.
Dos.
Javi, lo siento. Me hubiera ido contigo, te lo juro. Joder. Por dos minutos. Ya no hay marcha atrás. Mierda.
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M
O_O  dios que triste me deprime sniff sniff pero aun asi  es un buen mensaje de que siempre hay que valorar la vida ¨nunca se sabe que puede pasar ^^Te Amo!!Besos
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L
woooow!!!<br /> m izo llorar sta mui genial
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M
Vaya que cuento tan chido espera a que yo acabe el mio y lo mando solo esperalo
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